
GEOGRAFÍA PÓSTUMA ( en un carrete de nieve)
Los árboles de Rancote
No podría haber soñado en vidas paralelas
viví enterrado en el aceite
del puerto de Rancote; ni orbitando
hacia el barrio de los decapitados
haberme abrazado al bostezo de ríos
congelados.
Ó acercarme a la rebelión interna
del hombre moderno.
El trazo de una narración desmejorada
con los últimos hilos de Inglaterra
como arpones,
ser devorado por la esfinge de Tycho Brahe,
o prenderle fuego al trapo de mi vida
para capturar un pez Corkwing.
La casa de fardos del lago se hunde
y el pasado del circulo de adioses
se inscribe temprano en la facción
de los niños que emigrarán.
El lecho de barro y un roble nos desintegran.
Es otra la silueta del Báltico
nos espera una ardua y deformada
ventisca de pájaros.
Negarán el norte
y el confín que arroja agujas de oro
se llevará a cuestas su otoño bancario.
Recuerdo aún al padre de todos los barcos
y a su cimiento.
No me engaño. Negar es crecer
cruzaré el mar tarde o temprano
y entonces, dos soles congelados
nos agradecerán no haber vivido
tras los ojos de otro silbato
o a la sombra de otro puerto.
Notas desde la estación postal (Birkenhead 1974)
Recuerdo el golpe de cuarzo
sobre el teclado: q w e r t y
el dedal de plata del agente
que besaba los sobres de carey
y marcaba los papeles y la tinta
con una inscripción diminuta
como el paraíso que soñabas.
La humedad del depósito
la fabrica de aceite de linaza
el astillero de piedra lisa.
Los hombres que al entrar decían: niebla
y las mujeres que respondían: vapor.
La soledad del globo se oprimía en cada carta
el tétano escapaba de los marineros
como la gripe huyó de la reina Victoria.
Un empleado doblaba mi bufanda descarrilada
mientras el sujeto que razonó conmigo
sobre el precio de las últimas estampillas francesas
promocionaba un crucero a una Antártida más fría
de canales invertidos en la entraña del océano,
y repartía ejemplares imantados
del semanario: journal du Tanatlántida,
Reyes portugueses y genoveses
sumergidos, muertos bajo la guerra del mundo.
Escuchaba el relato y me abrazaba
a los guantes de piel de vagina
de un comerciante de nueces.
No olvido las doce mentes útiles
que abordaron esa noche el buque Estuardo II.
Canción en el faro
Mueren las islas del mundo
danzamos en tinieblas
nos abrazamos al cuerpo del faro
trepamos los huecos peldaños,
las ideas universales son aristas
que sueñan en fango,
decidimos arrojarnos de manos
al moho del acantilado.
Los corsés de desesperanza
se rellenan de tortugas elementales
una calle se frota la laringe,
en ciudades como ésta se delinque.
El caparazón de la hiedra
se pone de noche un viejo calzón
jaibas pellizcan nuestros esófagos,
son las calles dañadas las que me adormecen
los hombres fingimos parecernos
en nuestro brutal travestismo,
dos policías han jugado a ser iguales,
en puertos como éste se perdonan.
Me cuesta pensar en aventuras universales,
no existe nada que no sobreviva
al disparo de dos semejantes
nada que no paseé a un costado
del patio de mi casa.
Tres destinos
Al terminar la imberbe década
tu cinismo curvó en la esquina de Openpark
y te lanzaste a matar peatones descalzos.
Los demás jugamos a la Cruz Roja,
gritamos porque quisimos sacarte el espino,
pero tu herida hemingweiana mordió la vena del ano
de una serpiente emplumada,
y toda la cultura se cayó de rodillas en Tlatelolco.
Entendimos que la vista está hecha de celdas de cera
y los tendones son vacíos como troncos de bambú,
observamos cómo el Internet operó al mundo de un falso noúmeno
cenamos con doce celíacos que se rieron de la especia portuaria.
El contexto: Los obreros de Cadinot repararon el entronque: Liliput, Florencia, Cartago.
Recorté del pasado. -En una vida caben cientos de poderes abiertos-
Fuimos himnos que no se reconocieron
Antes de enfermarme escribía en el Rancote News.
Se ha puesto música para tapar los gritos:
estamos oficialmente descompuestos.
No me río. Los años nos despiden
no hay nadie que quiera continuar con el dibujo
la silueta de tu carrera en el arco de una puerta
si Sansón regresaría, los mitos nos mirarían
a la cara. Y el legado universal nos señalaría:
ladrones.